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Tras una propuesta de la gente de la calle, como tu y como yo, los legítimos representantes a los que votamos (o no) libremente decidieron aprobar dicha propuesta. Democracia en estado puro. Un ejemplo para cualquier país.
¿Para cualquier país? Pues parece que no. Y es que aquí mismo, en España, parece que la falta de costumbre de que las Iniciativas Populares lleguen al Parlamento no ha sentado muy bien. Y claro, aquí ya mezclamos la velocidad con el tocino y decimos que si España no sufre al toro y que Cataluña quiere independizarse de la tortilla de patatas y que Osborne era un amante de la butifarra. Y entre chorrada y chorrada tenemos la más repetida: Prohibido prohibir.
Y yo, que nunca he cogido la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer no termino de comprender como he podido amanecer en el País de Nunca Jamás. Es cierto que no he visto a Peter Pan saliendo del coche oficial para dirigirse a la nación. Pero sí a mucha Wendy y, como yo, a mucho niño perdido.
Parece ser que, además de las propias normas de la democracia, se nos ha olvidado (serán los calores veraniegos) que los gobiernos prohíben y autorizan, condicionan, apoyan y se oponen. Es su misión. Y, claro, además, se nos ha olvidado todo lo que está prohibido en este (y en casi todos) los países: robar, matar, insultar, escupir, okupar casas vacías (y eso que la vivienda es un DERECHO CONSTITUCIONAL!!) pisar el césped de los jardines… queda claro, ¿no?
Por no hablar claro de la hipocresía de Wendy, quien tras su traición a Peter Pan en su regreso a la civilización, quiere ser la primera en prohibir algo, en este caso, el burka.
Afortunadamente el tic tac del cocodrilo anuncia el fin de los tiempos de muchos…











